Primero mirar cómo trabajas
Antes de proponer nada hay que ver el proceso real, no el que está escrito. La diferencia entre los dos es justo donde se pierde el tiempo.
El trabajo que hoy hace alguien a mano y podría estar haciendo una máquina. Se empieza mirando dónde se va el tiempo, no comprando herramientas.
Casi siempre llega igual: una hoja de cálculo enorme que mantiene una sola persona, tres programas que no se hablan entre ellos y un informe que alguien rehace cada lunes por la mañana. No hace falta automatizarlo todo. Hace falta quitar de en medio las cuatro cosas que se repiten cada semana y que nadie debería estar haciendo a mano.
Antes de proponer nada hay que ver el proceso real, no el que está escrito. La diferencia entre los dos es justo donde se pierde el tiempo.
Lo que pasa cada semana y siempre igual es candidato. Lo que exige criterio se queda en manos de una persona: una máquina decidiendo por ti acaba costando más de lo que ahorra.
Un flujo que no entiende nadie es una avería esperando. Se entrega documentado, avisando cuando algo falla y con la manera de hacerlo a mano si hace falta.
¿Qué parte de tu día se va en trabajo que haría una máquina?
Escríbenos y hablamos de tu proyecto. Una llamada de treinta minutos: si hay encaje, seguimos. Si no, te lo decimos.